La ampliación de los cupos de equipos participantes que trajo consigo el cambio de formato en la máxima competición continental tras la desaparición de la Recopa ha permitido que, en los últimos ocho años, se hayan producido -contando con la de Moscú- tres finales entre los equipos de un mismo país. Un hecho que, como decimos, no se había producido en los 44 años precedentes, en los que sólo podía haber dos equipos de un mismo estado si uno era campeón de Europa y otro, distinto, de su liga.
La Liga de Campeones 'nació' en la temporada 1992-93. En 2000 se produjo un hecho histórico en la competición, al alcanzar Real Madrid y Valencia la gran final. Era la primera vez que dos equipos del mismo país coincidían en el partido decisivo. La final se jugó en el Stade de France de París y los madrileños se impusieron por 3-0, con goles de Morientes (hoy, curiosamente, en el Valencia), McManaman y Raúl.
Tres años después, Italia se convertía en el segundo país en situar a dos de sus representantes (AC Milan y Juventus de Turín) en la final de la Copa de Europa. El partido se disputó en Old Trafford y fue, como muchos temían, bastante menos vistoso que la final española. 0-0 tras 120 interminables minutos y, finalmente, 3-2 en los penaltis para el conjunto lombardo. El lanzamiento definitivo lo convirtió Andrei Shevchenko, que algunas temporadas después se convertiría en el fichaje más caro de la historia del Chelsea. En el que apenas juega, por cierto.
Sobre estas dos finales monocolores, una curiosidad: ninguno de los dos equipos que las ganaron llegaron al torneo como campeones de su país. De hecho, de los cuatro finalistas, sólo la Juve lo era. De mantenerse la ‘tradición’, el Chelsea sería el favorito para ganar en Moscú. Pero, entonces, Michel Platini, tan purista en ciertas cosas, quizá debiera plantearse un cambio de nombre de la competición. Porque, más que una Liga de Campeones, parece una Liga Europea. Y no es lo mismo...
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